Por: Héctor Aponte Alequín (Primera Hora, Puerto Rico) (15 de junio de 2006)

El jolgorio de sus jocosas presentaciones parece salirse de las fotos e invadir la sala de su residencia, en Toa Alta, en el momento en que su padre se le sienta al lado y echan a coro una carcajada.

Esa nota de su ánimo baja y vuelve a subir conforme se amolda al recuerdo: casi es melodía lo que emana de las palabras del sonero Luisito Carrión al agradecer "a Dios un ratito libre" junto a su progenitor, el bajista Ángel Luis Carrión.

Para Luisito, disfrutar el privilegio de tenerlo cerca ahora, cuando su carrera musical alcanza metas en todas direcciones del mapamundi, lo obliga a valorar mucho más el ejemplo de su padre, quien hace lo mismo en la Isla desde hace 38 años junto a su orquesta Kaffé.

"Es... una emoción muy grande que no puedo explicar. Es tener de frente al creador de uno, después de Dios", expresa Luisito Carrión sobre la experiencia de ver entre el público a Ángel Luis Carrión, a quien debe el don de "poner a gozar a los demás desde la tarima" aun en medio de la adversidad.

"Yo quería que fuera músico, vi el talento desde el principio y me ocupé de atenderlo", agrega Ángel Luis. Su sonrisa crece cuando observa a su nieta Zuleyka Carrión Marti, de 13 años de edad, afanada en sus lecciones de guitarra, piano y batería a instancias de las enseñanzas de su padre Luisito.

A su "nene", en cambio, le vienen a la mente escenas de su niñez, viendo cómo su padre y los instrumentistas de su orquesta se amanecían para hacer de la música el entretenimiento de otros y, a la vez, el sustento suyo. Era obvio que, para lograr ese doble propósito, hacía falta un buen paquete de valores como la responsabilidad, la seriedad y, más que nada, la humildad, analiza Luisito.

"Su oído estaba acumulando lo que iba a ser su primera presentación con la Sonora Manatieña. Su corazón se estaba enamorando de esta cuestión y su mente estaba viendo el sacrificio que implica este trabajo", agrega Ángel Luis.

De esa manera, cobran un sentido especial las palabras del padre del intérprete de "Yaré" cuando afirma que, "a través de la música, Luisito ha conocido la vida y el mundo. Me siento muy orgulloso".

Por eso, cuando su vástago se separó de la orquesta Kaffé en 1979, aunque el desprendimiento "fue fuerte", no dudó en apoyarlo, para luego verlo pasearse cómodo por las orquestas más famosas de Puerto Rico, como Alfa y Omega, la Nativa, DI13, Concepto Latino, Salsa Fever, La Terrífica, la Sonora Ponceña y la de Bobby Valentín.

"Pero fue básicamente con él (Ángel Luis) que pude concretizar que esto es un trabajo en el que hay que responder. Uno tiene que hacer que la gente goce, pero no con chapuserías", argumenta el cantante, quien también es padre de Jomayra, Luis Antonio y Christian.

"Y hay que enfrentar los retos", agrega el vocalista, caracterizado por interpretar canciones difíciles "que casi nadie quiere cantar", en las que "uno le mete un submarino si las notas son muy altas o, chacho, una cirugía plástica" si es muy bajo su registro.

ASÍ SE LO ENSEÑÓ SU PADRE


En su vida, a Luisito Carrión también le tocaron retos, como el accidente de automóvil que sufrió en 1980 y tras el cual se tronchó una de sus metas inciales: ser trompetista.

"Perdí un montón de dientes y ya no puedo hacer la embocadura", relata mientras su progenitor le da una palmada cariñosa, como la que lo sostuvo incondicionalmente durante semanas en el hospital.

Actualmente, "El asicalao de la salsa", cuya carrera es manejada por su esposa, Jenny Marti, se prepara para su segunda producción musical, esta vez con el sello colombiano CoDiscos, pues "aquí nadie me quiere grabar".

Su padre, entretanto, continúa rindiendo frutos en diversos puntos de la Isla con la orquesta Kaffé y sus vocalistas Radamés Sierra y Miguel "Guelé" Morales.

"Muchas veces he querido que trabajemos juntos, pero él está más rankeao que yo y..." no importa, porque Luisito lo invoca cada vez que le regala a la audiencia su particular risa.

EL JOLGORIO DE LA SALSA ES UNA COSA SERIA


Por: Hiram Guadalupe Pérez (Primera Hora, Puerto Rico) (26 de julio de 2006)

Un espectáculo de salsa consta de muchos ingredientes: la instrumentación de la orquesta, la vocalización del cantante, el acompañamiento coral del público, la melodía transportada a los oídos, las letras repetidas con disciplina, el contoneo que provoca la rítmica afroantillana sentida en vivo...

Sea el director, uno de sus músicos o el cantante, siempre hay, no obstante, una figura que, inevitablemente, sobresale por poseer una cualidad especial, un elemento único que el público percibe automáticamente y del que se aferra de inmediato mientras absorbe el resto.

Ese distintivo se acentúa cuando quien lo proyecta logra explotar al máximo el estilo vocal o instrumental, la capacidad para comunicarse con la audiencia o la habilidad performática. La experiencia del show, consecuentemente, compite con la de escuchar su propuesta musical en la radio desde la privacidad, en una fiesta o en un bailable.

Ésas son las consecuencias naturales del talento que abunda en la palestra musical afrocaribeña, las que el vocalista puertorriqueño Luisito Carrión ha sabido aprovechar y elevar al punto de convertirse en uno de los mejores representantes del ideal que subyace debajo de todo proyecto musical y que adquiere particularidades especiales cuando toma las formas del sabor latino.

Su trayectoria musical, aunque repleta de éxitos y reconocimientos, ha transcurrido en una constante huida del acecho de las garras de la soberbia que, cuenta, ha empañado el desempeño artístico de muchos colegas.

"Si se te suben los humos, el resto queda atrás. Nosotros tenemos este talento para ofrecerlo a la gente, no es para más nadie", afirma enfático el más recordado intérprete de "Yaré".

Tal vez esto explique el secreto de su contagiosa jocosidad en las presentaciones en vivo, que le devengaron fama en las décadas de los años setenta, ochenta y noventa. Es que desde el principio fue asiduo a los escenarios de pueblo, de gente, aunque en la actualidad pueden contarse entre sus shows más importantes los llevados a cabo en lugares de trascendencia internacional, rodeado de los exponentes más famosos.

Impecable en su manifestación musical como en la atención que ha prestado a los instrumentistas de su orquesta, se ha ganado el mote de "El Acicalao de la Salsa", al tiempo que ha sabido cultivar y mantener lazos de amistad con figuras clave en el devenir salsero sin que necesariamente sean "los más encumbraos y adinerados", como Bobby Valentín, Pedro Brull y Don Perignon.

El respeto mutuo para sus colegas no peligra incluso aunque una de las características que hacen únicos sus espectáculos son las imitaciones de salseros como Tito Rojas y Rafael Ithier.

"Nosotros tenemos que tener una seriedad tremenda para que la gente disfrute el trabajo que hacemos. No es lo mismo que la música sea algo relajante a que esto sea un relajo. El jolgorio de la salsa es una cosa seria", profiere Luisito Carrión sobre su tarea como salsero, para lo que se necesita, además, "mucha valentía", como la que tuvo él para cantar "los temas que nadie quería cantar" por ser difíciles, al pertenecer a bandas famosas como la Sonora Ponceña y Salsa Fever.

"Hay que atreverse. Si es un número bien difícil, uno hace lo que sea, un submarino, algo que pueda llegar a todas las notas. Uno nunca puede decir que no", concluye con determinación el vocalista.

SE INSPIRA EN SU PADRE


Si hay alguien a quien Luisito Carrión debe el éxito que ha alcanzado, ése es su padre, el bajista Ángel Luis Carrión, admite.

"Es... una emoción muy grande que no puedo explicar. Es tener de frente al creador de uno, después de Dios", expresa Luisito Carrión sobre la experiencia de ver entre el público a Ángel Luis Carrión, a quien debe el don de "poner a gozar a los demás desde la tarima" aun en medio de la adversidad.

La niñez del sonero transcurrió, de hecho, entre los instrumentos de la orquesta Kaffé de su padre, que lleva más de 40 años llevando la salsa dura a todas partes de Puerto Rico.

"Yo veía cómo ellos se amanecían ensayando los arreglos, perfeccionando el sonido, y en los shows me fijaba bien cuando soneaban, cuando improvisaban", precisa.

Su capacidad para adaptarse a ese mundo le consiguió en su adolescencia su primera presentación como cantante en la Sonora Manatieña, prueba de fuego que superó ante los ojos de su progenitor, quien consecuentemente lo reclutó como vocalista fijo de la orquesta Kaffé, donde terminó de pulir sus destrezas en el canto.

EMANCIPACIÓN HACIA EL ÉXITO

Cuando Luisito Carrión se separó de la orquesta Kaffé en 1979, ya contaba con la experiencia suficiente para pasearse cómodo por las orquestas más famosas de Puerto Rico, como Alfa y Omega, la Nativa, ID13 –con los cantantes Nicomedes y Dolores Marina–, Concepto Latino, Salsa Fever, La Terrífica, la Sonora Ponceña y la de Bobby Valentín.

De esa trayectoria, resulta imprescindible destacar tres etapas fundamentales: su paso por Salsa Fever, su estancia en la Sonora Ponceña y su participación como cantante de la orquesta de Bobby Valentín en momentos del auge de la salsa romántica.

De la mano del empresario Julio Gunda Merced, en la orquesta Salsa Fever, la voz de Luisito Carrión quedó consignada en las primeras grabaciones que realizó: "Renta de Amor" y "Señores, ahí va Julián".

La misma suerte exitosa corrió cuando se unió dos años más tarde a la agrupación de don Quique y Papo Lucca, con la que avino la popularidad del clásico "Yaré", tema salsero que de inmediato se convirtió en un clásico de la Sonora Ponceña.

Rozando los años ochenta, Luisito Carrión ingresó a la orquesta de Bobby Valentín y, junto con Rafú Warner y Johnny Vázquez, encabezó el período más importante de la salsa romántica de este grupo, que, por otro lado, jamás perdió la fuerza rítmica atemperada al gusto del bailador.

Del disco "Algo excepcional", una propuesta ajustada al mercado de la música afrocaribeña "erótica" que aún preservaba el ritmo percusivo sin demasiados visos de estilización, Luisito Carrión popularizó las canciones "Ramo de flores", "Agua", "Gigolo" y "Señor de las señoras", que hoy se han convertido en estándares de ese movimiento musical.

QUERÍA SER TROMPETISTA


En 1980 y mientras trabajaba con la orquesta ID13, Luisito Carrión sufrió un accidente de automóvil tras el que se tronchó uno de sus sueños: ser trompetista.

"Perdí un montón de dientes y ya no puedo hacer la embocadura", relata. Su padre fue a visitarlo, le ofreció su apoyo e incluso volvió a su orquesta por un tiempo mientras se reponía.

De esa obsesión por los instrumentos de viento, no obstante, Luisito pudo desquitarse cuando laboró con la orquesta Concepto Latino en los años ochenta, pues fue en ese entonces que su estilo vocal atenorado empezó a cobrar fuerza armónica en las notas altas, tendencia que le vino como anillo al dedo cuando fungió como uno de los cantantes de la orquesta de Bobby Valentín.

LA SÍNTESIS DE SU ESTRELLATO

Luisito Carrión nació el 26 de octubre de 1962 en la ciudad de Arecibo, Puerto Rico. A los 13 años, dio sus primeros pasos en el mundo dirigido por su padre, Ángel Luis Carrión.

Luego, ingresó a la Orquesta La Nativa, de la que salió para formar parte del grupo Concepto Latino, en el que comparte con cantantes como Primi Cruz y Josué Rosado.

Al incorporarse a la orquesta Salsa Fever, junto con el maestro Julio Gunda Merced, inmortalizó los temas "Renta de Amor" y "Señores, ahí va Julián".

Perteneció, además, a la banda La Terrífica y a la orquesta de Bobby Valentín, con éxitos como "Tributo a Cali" y "Como lo hago yo".

Su proceso evolutivo lo condujo a la agrupación de Don Perignon en los años noventa, de la que se dio a "La fuga" para destacarse como solista en 1993. En ese año emprendió varios viajes junto a su orquesta a Santa Cruz, Nueva York, California, Boston, Chicago, Miami y otras ciudades de Florida, Bélgica, Londres, Francia, Suiza y Alemania, entre otras localidades.

Actualmente, se encuentra en el proceso de producción de un disco de éxitos con el empresario colombiano Diego Galé.

Según cuenta, "aquí nadie me quiere grabar", a pesar de que su rentabilidad como solista está harto probada en sus dos primeras producciones, "Y ahora voy yo" y "Con respeto", que pegaron en la radio nacional y latinoamericana como lo hizo el álbum "Mi música 1997" de Roberto Roena y su Apollo Sound, en el que colaboró como artista invitado.

El pícaro intérprete también ha tenido participaciones esporádicas en las orquestas La Mundial, del pianista Willie Sotelo y Rey Peña.



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