Por Jose Arteaga

El Red Garter era un semidesconocido local ubicado en los límites del Bronx y el Harlem River Drive de New York. Su dueño solamente abría de seis de la tarde a dos de la mañana y de vez en cuando recibía en sus escenario a algunas agrupaciones populares en el sector.

Esa noche, como muchas otras, la reunión musical pasó desapercibida a no ser por la habilidad de un ingeniero de sonido, quien había registrado en cinta la presencia de los músicos que conformaban la naciente agrupación Fania All Stars.

La idea de formar esa orquesta provenía de Jerry Masucci y Johnny Pacheco, los empresarios de la naciente compañía Fania Records, quienes inspirados en las All Stars de los sesentas, decidieron reunir a los músicos más representativos de la misma en un sólo conjunto. La casa disquera tenía apenas cuatro años de existencia y si ese tipo de formación no le abría nuevos caminos, todo lo que habían construido se iba a derrumbar. Por ello persistieron en la idea y formalizaron la posibilidad de hacer un nuevo intento, aunque tardaran tres años para ello.

El 26 de agosto de 1971 la Fania All Stars se volvió a reunir en el salón de baile El Cheetah, ubicado en la calle 52 de Broadway, gracias a la relación del dueño de Fania, Jerry Masucci, y el dueño del sitio, Ralph Mercado. Esa noche el concierto fue apoteósico, lo cual quedó registrado en dos antológicos discos que contenían los éxitos Anacaona, Quítate tú y Ahora vengo yo, y además en una película realizada por León Gast, que tuvo como elementos primordiales las escenas del concierto en el Cheetah. La cinta fue titulada Nuestra Cosa Latina y por primera vez se mostraba allí toda la serie de penurias de la comunidad latina en Nueva York.

La Fania All Stars se había formado para ese concierto a partir de la unión de cuatro orquestas: las de los veteranos Ray Barretto y Johnny Pacheco y las de los jóvenes Larry Harlow y Willie Colón. De la primera habían sido llamados, además del conguero Barretto, el timbalero Orestes Vilató, el trompetista Roberto Rodríguez y el cantante Adalberto Santiago. Junto al flautista Pacheco, por su parte, estaban el trompetista Hector "Bomberito" Zarzuela y el cantante Pete "El Conde" Rodríguez. El pianista Harlow estaba acompañado por el trompetista Larry Spencer y el cantante Ismael Miranda. Y el joven trombonista Colón venía respaldado por su segundo trombonista Reinaldo Jorge y el cantante Hector Lavoe.

Junto a esas orquestas, la Fania había llamado a dos líderes jovenes como el bongocero Roberto Roena y el bajista Bobby Valentín. A su lado llevarían al guitarrista independiente Yomo Toro, al trombonista de Eddie Palmieri, Barry Rogers, al cantante de Tito Puente, Santos Colón y a los soneros Bobby Cruz y Cheo Feliciano. Estos dos últimos fueron invitados especiales a la reunión del Cheetah para cantar algunos números. A su lado se destacó con lujo de detalles el virtuoso pianista Richie Ray. Tal reunión de estrellas latinas catapultó definitivamente el nombre de Fania como símbolo musical de la comunidad en Nueva York, pero sólo hasta un nuevo concierto y una nueva película, el sello quedaría definido.

El concierto fue el de 1973 en el Yankee Stadium, el cual tuvo hechos llamativos: Primero, la serie de cambios en la formación, donde ingresaron Nicky Marrero en los timbales, Lewis Kahn en el trombón, Ray Maldonado y Victor Paz en las trompetas, además de los cantantes Justro Betancourt, Ismael Quintana y dos invitados especiales, Mongo Santamaría y Celia Cruz. Segundo, la suspensión del concierto a causa del frenetismo del público, que desbordó las mallas divisorias del estadio e inundó la grama.

La película, entretanto, le dio el nombre definitivo a toda la música que esas estrellas representaban. Le dio el nombre a un género musical tan variado y complejo como el Jazz, una fuerza sonora contemporánea y una expresión popular identificadora de la comunidad latina. En otras palabras, le otorgó un distintivo a la infinidad de rítmos que posee la Música del Caribe y que en ese momento se hallaban dispersos entre los latinos de Nueva York. Y aunque la cinta no continuó los principios testimoniales de Nuestra Cosa Latina y se perdió en medio de las exigencias de Hollywood, pasó a la historia por llamarse sencillamente Salsa.

Bajo el sello Fania todas los músicos latinos pasaron a ser estrellas de la Salsa liderados artísticamente por Pacheco, el dominicano que alternó la dirección de Fania All Stars con la de su propia orquesta, más bien un conjunto que siguió los mismos parámetros musicales de la Sonora Matancera: haciendo guarachas y sones con base en trompetas muy afinadas, para lo cual debió contar con un soporte vocal digno de la tarea. Por eso pasaron por su orquesta los cantantes Hector Casanova y Pete "El Conde" Rodríguez, soneros ambos con inclinaciones hacia la música cubana. Del primero da constancia el éxito El Faisán. Del segundo, Azuquita Mami y una infinidad de canciones en la antigua etapa de Pacheco, la charanga.

Pero la mayor influencia musical la representaron dos muchachos provenientes del Bronx: Eddie Palmieri y Willie Colón. El primero se había hecho pianista a correazos por imposición de sus padres y ya durante los sesentas era lider del conjunto La Perfecta, donde la fuerza de su sonido descanzaba en los trombonistas Barry Rogers y José Rodríguez. Con ellos, Palmieri compuso y arregló sus temas para que sonaran agrios, roncos y agresivos, como era la vida misma del barrio latino de Nueva York. Así llegó a popularizar con suficiencia los temas Muñeca, Vámonos pa'l monte, Azucar, Ajiaco caliente y las casi sinfónicas obras Cobarde, Adoración, Colombia te canto y Un día bonito.

William Anthony Colón, sin tener la formación académica de Palmieri, también usó trombones, pero estos eran más agresivos todavía y eso lo tornó en ídolo de la comunidad latina por su acento desgarrador reafirmado por la presencia carismática de su cantante Hector Lavoe. Colón componía sus canciones para cada letra sonara dramática, llena de una carga sobrecogedora y sus arreglos llegaron a ser, sin contemplaciones, crueles. Por eso se hizo llamar El Malo, título a la vuelta de unos meses fue sello de identificación para otros conjuntos que continuaron su sonido como La Orquesta Narvaez y La Conspiración.

Colón se había conocido con Hector Lavoe a finales de 1966 en una calle del Barrio. Mira, yo tengo una grabación, pero me falta el cantante, le había dicho Colón y a Hector no le había gustado. Por eso le respondió: No, yo tengo mi grupito. Willie insistió: Bueno, vamos a hacer una cosa. Tu grabas el elepé conmigo y luego te vas. A Hector eso si le sonó. El tipo hablaba de verdad sobre un disco. Qué importaba quien fuera, al fin y al cabo era una oportunidad. El primer ensayo lo hicieron a la noche siguiente en el Club Tropicoro del Bronx. El disco lo grabaron un par de meses despúes. Se llamaba El Malo.

Fue éxito de inmediato y la vida de ambos cambió. Juntos recorrieron un camino salsero que duró siete años, en los cuales grabaron diez discos y una docena de éxitos, entre los que se contaban Cheché Colé, Juana Peña, Piraña, Calle Luna Calle Sol, La Murga y ese sensacional Día de Suerte: Cuando llegará el día de mi suerte. Sé que antes de mi muerte, seguro que mi suerte cambiará. Pero en 1973 Willie Colón decidió dejar la agrupación. Para Lavoe fue un golpe duro casi con olor a traición, pero no tenía rencores con su amigo. Al fin y al cabo, a él le debía sus éxitos, el reconocimiento del público y la llegada a la Fania All Stars, lo que equivalía en términos salseros a estar en el cielo. Además, Willie había forjado su estilo, dándole ese sabor que el Caribe entero reconocía.

Lavoe tenía una cualidad primordial. Su canto era chillón, muy cristalino pero chillón, y esto, lejos de relegarlo, lo hacía ver entre el público como un vocalista arrabalero, que podía contar una historia de barrio cualquiera sin que sonara falsa. Por eso sus temas que hablaban de violencia cotidiana y de desilusiones marginales, lo convirtieron en ídolo. A eso se sumaba su don natural para la improvización que demostró hasta la saciedad en la Fania con cantos como Quítate Tú y Estrellas de Fania, pero en especial con Mi Gente.

Su primer disco como solista fue La Voz, un éxito absoluto que demostró dos cosas: una, que estaba preparado para dirigir su propia orquesta. Otra, que podía cantar todo tipo de rítmos caribeños con absoluta maestría. De ello da testimonio ese hit rotundo que fue Rompe Saraguey, tal vez la mejor de las interpretaciones que Lavoe hizo en una muestra de talento inusual. Fue a partir de ese disco que llegaron los títulos y sobrenombres: El Sinatra latino, El cantante de los cantantes, o simplemente La Voz. Pero al público le esperaba más. Su siguiente grabación acaparó los elogios de propios y extraños, en especial gracias a un tema que le daría fama universal: Periódico de Ayer, el mismo que iniciaba diciendo Tu amor es un periódico de ayer que nadie más procura ya leer. Sensacional cuando salió en la madrugada, al mediodía ya noticia confirmada y en la tarde, materia olvidada.

El tema lo había compuesto Catalino "Tite" Curet Alonso, el compositor más brillante y prolífico que ha tenido la Salsa en toda su historia. Nacido en Guayama, Puerto Rico, en 1926, Curet Alonso fue proyecto de farmaceuta en la Universidad, cartero del Correo Norteamericano durante 36 años y promotor de la compañía discográfica Tico Records, antes de ingresar a los terrenos de la composición. El primer tema suyo que se hizo famoso fue Efectivamente, grabado por Joe Quijano en 1965. Tres años más tarde la controvertida cantante La Lupe interpretó los boleros La Tirana, Puro Teatro y Carcajada final con la orquesta de Tito Puente. Desde entonces Tite no frenó su producción que llegó a rebasar las 3.000 creaciones, de las cuales se grabaron 1.200.

Tite fue, además, el padrino musical de artistas como Cheo Feliciano, Ismael Rivera y Roberto Roena, a quienes les entregó los temas éxitos Anacaona, Las caras lindas y Marejada felíz, respectivamente. Cheo había popularizado, sin embargo, el número El ratón y antes de la ayuda de Curet ya era considerado un ídolo tanto en Puerto Rico como en Nueva York. Rivera había fundado, entretanto, el conjunto Los Cachimbos, siguiendo las líneas trazadas por Rafael Cortijo, y Roena hizo de Guaguancó del adiós, compuesto también por Tite, una obra cumbre de la Salsa.

En 1980 la Fania Records sufrió una crisis motivada por au propio crecimiento desmedido que la hizo un monopolio incontrolable para Masucci y Pacheco. Fania adquirió las licencias de todos los sellos salseros neoyoquinos, donde algunos músicos buscaron independencia a toda costa, mientras otros se rendían a las exigencias del monopolio. Dentro de esa marca surgieron varias orquestas y conjuntos alternativos que, a pesar de darle un aire refrescante a la producción de las estrellas, nunca llegaron a tener un apego similar entre el público, salvo dos excepciones.

Los grupos más llamativos que siguieron a Fania fueron La Compañía, dirigida por el flautista y saxofonista Bobby Rodríguez y el trombonista Eddie Hernández Iglesias, La Típica 73, donde se encontraban músicos de la talla de Sonny Bravo y Alfredo de la Fe, La Flamboyán de Frankie Dante, El Conjunto Sabor de Angel Canales, donde tocó el brillante pianista Marcolino Dimond, y Los Hermanos Lebrón, un grupo puertorriqueño ubicado a mitad de camino entre la sonoridad del Barrio y el estilo impuesto por Cortijo. Las dos excepciones, por su parte, fueron Celia Cruz y el duo de Richie Ray y Bobby Cruz.

Celia se había destacado con lujo de detalles en la Sonora Matancera, donde había ganado el título de La Mejor Guarachera del Mundo. Nadie osó disputar su trono, ni siquiera tras su llegada al mundo de la Salsa en medio de sus grabaciones con la orquesta de Tito Puente, Larry Harlow, la Fania All Stars y sobre todo, la de Pacheco. Con el conjunto del flautista se sintió nadando en aguas que conocía a la perfección. Por eso popularizó hasta la saciedad los temas Toro mata, Quimbara y Tres días de caranaval. Celia sería, a partir de la grabación del tema Bemba colorá con Fania, la número uno de la Salsa, sin que tampoco en este caso, nadie pudiera oponerse. Su voz y sobre todo su inmarcecible carisma siempre rebaso los límites de cualquier crítica.

Richie Ray había fundado su conjunto en 1965 con la grabación del disco de pachangas Ricardo Ray Alives. Desde entonces surgió como uno de los líderes del movimiento salsero, sin tener la agresividad ni los trombones de sus colegas Palmieri y Colón. A Ray, llamado en realidad Ricardo Maldonado, lo ayudó precisamente eso: su posibilidad de salirse del molde establecido por la sonoridad neoyorquina y meterse en las necesidades sonoras del resto del continente. Aparte de ello estaba la presencia de su cantante Bobby Cruz, el virtuosismo de su piano y la perfección de sus arreglos, producto de su formación académica en la Escuela de Altos Estudios en Bellas Artes de Nueva York.

El conjunto de Richie Ray y Bobby Cruz hizo inmensamente populares los temas Que se rían, El diferente, Richie's jala jala, Tin marín, Aguzate, Amparo Arrebato y sobre todo una obra maestra llamada Sonido bestial. Con esos números marcó los trabajos de varios conjuntos suramericanos como los peruanos de Mario Allison y Alfredo Linares, los venezolanos de Cheché Mendoza y Nelson González, y los colombianos de Michi Sarmiento y Julio Ernesto Estrada, Fruko

En 1970, luego de regresar de una gira por Estados Unidos con el grupo de cumbias Los Corraleros de Majagual, Fruko había fundado el grupo Los Tesos y grabado el disco Tesura que pasó desapercibido por dos sencillas razones: Nadie conocía a su intérprete y nadie sabía en Colombia algo sobre la Salsa. El poco éxito de su trabajo no desanimó a Fruko que con el trompetista Jorge Gaviria recorrió los grilles nocturnos de Medellín a fin de vender su disquito. Lo mismo pasó con el segundo, titulado A la memoria del muerto y que cantaba el caleño Piper Pimienta Díaz. Así le tocó un buen tiempo hasta que las cosas empezaron a mejorar con El Ausente, El Caminante, Manyoma y, por supuesto, con El Preso, en cuya letra se encerraba todo un conflicto psicológico y social cuando empezaba diciendo: Condenado para siempre en esta humilde celda, donde no existe el cariño ni la voz de nadie.

Para 1976 Fruko y sus Tesos era una constelación de estrellas salseras que podían competir de igual a igual en popularidad con Richie Ray y Willie Colón. Sus cantantes, Joe Arroyo y Wilson Manyoma habían adquirido ya el rótulo de ídolos en Colombia. Pero dos cosas sucedieron en ese año que acabarían por marcar a Fruko. La primera fue el reconocimiento de la prestigiosa revista norteamericana Record World a Fruko y sus Tesos como la mejor orquesta de música tropical en el continente. La segunda fue el desmembramiento del grupo luego de una gira por Estados Unidos, donde se convirtió en el primer grupo colombiano en tocar en el Madison Square Garden.

El otro grupo que tocó con suficiencia en el Madison era venezolano. Se llamaba Dimensión Latina y tenía como líder a un carismático cantante y bajista que había sido chofer de bus en Caracas, Oscar De León. El grupo surgió en 1973, año en el que grabó un disco compartido con el conjunto Clan de Victor y donde se destacó un tema grabado antes por su autor Cheché Mendoza, Pensando en tí. A partir de entonces Dimensión Latina marcaría con su égida toda la Salsa venezolana debido a la serie de éxitos como Llorarás y a la capacidad de improvización de su cantante De León. La Salsa se había tomado definitivamente al continente.