Por: José Arteaga.

El sello Fania Records cumple 30 años de existencia. Esta es su historia, la misma historia de la Salsa.

 

A mediados de 1964 un flautista dominicano llamado Johnny Pacheco lanzó un disco titulado "Cañonazo". Su idea inicial era pasar de su tradicional estilo de charanga, consistente en flautas y violines, a una conjunto de trompetas que respondiera más a las exigencias del barrio latino de Nueva York. Paralelo a ello consideraba la posibilidad de fundar una compañía de discos y este trabajo era su primera experiencia al respecto.

"Cañonazo" se lanzó entonces, bajo el sello Fania Records, cuyo nombre provenía de un son montuno compuesto por Reinaldo Bolaños, grabado en ese mismo disco. La compañía que Pacheco había fundado en asocio con el abogado de ascendencia italiana, Jerry Masucci, representaba la oportunidad de competir con las disqueras existentes en la ciudad: Alegre, Tico, Cesta y la división latina de United Artist.

Pacheco, quien ofició como productor artístico, recorrió todos los almacenes de discos del lado este de Nueva York para poder promocionar el producto, mientras Masucci, el socio capitalista, negociaba con agrupaciones y músicos nuevos la iclusión éstos en un catálogo firme. Como las limitaciones económicas estaban a flor de piel, los nuevos artistas tendrían que ser jóvenes provenientes del Bronx y de Puerto Rico, pero allí radicó justamente, el éxito de Fania.

Massucci contrató a tres orquestas: la ya veterana de Ray Barretto y las de los jóvenes Larry Harlow y Bobby Valentín. A ellas se sumaría más tarde una lista de muchachos con iniciativas y sobre todo, con arraigo entre la comunidad latina, encabezadas por Willie Colón. Al cabo de cuatro años Fania Records tenía en su haber lo más "duro" del barrio y con ello se había ganado el cariño de toda su comunidad.

La tendencia expuesta por los dos socios golpeó a las otras compañías, las cuales ya venían con ciertos índices de agotamiento, y la posibilidad de que artistas de éstas se vincularan al nuevo sello pasó de la teoría a la realidad. Las negociaciones entre Tico, Alegre y Cesta con Fania Records duraron un buen tiempo, pero la quiebra inminente de ellas determinó que un porcentaje altísimo de su producción pasaran al sello de Massucci.

Y no fue lo único que el italiano sacó de sus negocios, también la alternativa de promocionar sus orquestas uniendo en un solo conciertos a los directores e cada una. En 1962 las tres compañías habían grabado varios discos de sus estrellas reunidas con buena aceptación y Massucci decidió en 1968 hacer su propia banda, la que llamó, naturalmente, Fania All Stars.

La Fania se reunió por primera vez en el Red Garter, pero el asunto no tuvo mayor eco, por eso se asociaron con el administrador de establecimientos públicos, Ralph Mercado, para hacer un concierto más popular en el salón de baile Cheetah. El 26 de agosto de 1971 la Fania All Stars tocó con todas sus luminarias allí y como resultado de ello se grabó una película, lo que daría pie a un nuevo concierto y una nueva cinta. Esta vez el nombre provocó un revuelo que hasta hoy no ha dejado de resonar en el Caribe: la cinta se llamó Salsa.

Resultó evidente que la película no pasó a la historia, pero su nombre si y con él la aceptación definitiva del sello Fania como amo absoluto de la música que se conoció a partir de allí como Salsa. Todos los músicos latinos pasaron, entonces, a ser miembros de Fania. Era una especie de status el pertenecer al sello y tanto la altísima producción como los índices de ventas, demostraron hasta que punto grabar con Fania era un buen negocio para todos.

Durante los años setenta la Fania se convirtió en el centro de un engranaje que funcionó a la perfección: un catálogo inmenso proveniente de las casas Tico, Cesta y Alegre; una camada de artistas nuevos, un selecto número de personalidades que nutrían la Fania All Stars; y un reconocimiento mundial. Pero a comienzos de los ochentas los socios del sello sufieron un traspies. Una huelga encabezada por Rubén Blades y la búsqueda nunca alcanzada de otras alternativas musicales terminaron con el monopolio que habían ejercido. Allí comenzó una nueva historia.