Es una orquesta de Cali que suena a La Habana aunque se inspira en Nueva York y que se dedica por aquí y por allá a contar la curiosa historia de un polizón, náufrago y flautista.

 

La Mambanegra es posiblemente la orquesta más atípica de la salsa. De hecho, cuesta encontrar en la historia de este género musical del Caribe urbano una formación que aúne relato, folclor, beats y puesta en escena como esta. Rubén Blades, quizás, sea un referente especial, pero sólo hasta cierto punto. En el panorama de la salsa actual, por su parte, hay estilos musicales interesantes: el de Toño Barrio, el deBio Ritmo, el de Peliroja, el de El Macabeo, el del Sunlightsquare Latin Combo o el delGrupo Fantasma, cada uno con una propuesta escénica llena de dinamismo y humor. Pero todo eso encadenado a una historia, como si de un libro de cuentos se tratara, no hay, no.

Jacobo Vélez, saxofonista y clarinetista caleño, famoso por haber liderado a comienzos de siglo la excelente agrupación tropical Mojarra Eléctrica, cuenta que este cruce de artes se le ocurrió cuando se metió de lleno a contar la historia de su bisabuelo, polizón y náufrago que perdió la memoria y acabó con una flauta mágica en la mano tocando salsa y cumbia en las calles del Spanish Harlem de Nueva York. Resumida así, la historia ya es fantástica, y Vélez la ha convertido en leid-motiv de su propuesta musical, logrando, por ejemplo, que cada canción de su más reciente álbum narre una parte de aquella leyenda.

El álbum se titula El Callegüeso y su Mala Maña, y lo conforman diez canciones que abren un abanico musical sobre las posibilidades infinitas que tiene y tendrá la salsa. Ya lo dijo Vélez en su momento para el portal María Mulata: “Toda música es hija de un estilo y de otro estilo. La cumbia por ejemplo se puede mezclar con el raggamuffin, con música francesa e inglesa, y sale otra música, son como células que se encuentran para luego dividirse”. El nombre de El Callegüeso hace referencia a su abuelo, cuyo nombre de pila era Tomás Rentería, y lo de mala maña alude más a sus habilidades musicales que a los malos hábitos.

Como se ve, todo está encadenado. Tanto, que el nombre del grupo no proviene de la peligrosa serpiente centroafricana, ni de la protagonista de Kill Bill, ni del rosario de brujería que en los llanos orientales de Colombia protege de las balas, ni de la agente doble de la Sociedad Serpiente en el Universo Marvel. Es el nombre de la flauta que, según la abuela de Jacobo Vélez, le ayudó a recobrar la memoria al polizón y náufrago El Callegüeso.

De los diez temas del álbum, la canción Malembe vuelve a contar la historia de Rentería, recreada por la intervención de un babalao cubano, que fue quien lo rescató de las aguas. Musicalmente Malembe es un mambo muy a lo Señor Coconut y también a lo Kid Creole, y que valdría para hacer un vídeo teatral como el que hicieron del tema La Compostura.

Y aquí viene lo interesante: cada uno de los números de El Callegüeso y su Mala Maña es interpretado de una forma diferente, donde destacan las variaciones que le da el cantante solista a esos estilos tan diversos. Puro Potenkem es un tema muy timbero, El Sabor de la Guayaba es muy Sidestepper, Cantaré es muy latín jazz fusionado con son-trova, La Compostura es muy hip hop, La Fokin Bomba es muy champeta, El Blues de Yemayá es muy Raúl Paz, y aunque Kool and the Mamba sólo en el título homenajea a Kool & The Gang, es muy soca.

De ello se deduce que Vélez no parece tener miedo ni le tiembla el puso por ir de un lado a otro. La canción Me Parece Perfecto comienza con los acordes en 6/8 del famoso Bacalao con Pan de Irakere para luego irse hacia otros terrenos más cercanos a Los Van Van. Es lo que han dejado tras de si todos estos años posteriores al fenómeno salsero de los 70: una generación colombiana que creció escuchando a Joe Arroyo, Willie Colón y Juan Formell en el mismo equipo de sonido, más todo lo que Internet ha permitido descubrir de funk, ska, rap y calypso.

Por eso, si bien el formato de la Mambanegra no sorprende (piano, bajo, ritmo, guitarra y metales), si impacta la ductilidad para ese ir y venir, y el entusiasmo con que lo hace., un entusiasmo que se puede sentir en el tema que cierra el álbum:Barrio Caliente, representante del espíritu callejero del Caribe urbano.

Cuesta imaginar que esta propuesta pueda mantenerse. Ni para Brownout ha sido fácil mantener sus combinaciones de funk, soul y salsa, ni para Quantic ha sido sencillo perseverar con su Flowering Inferno lleno de cumbia y swing. Pero la propuesta parece firme y es encomiable su empeño en mantener la música atada a una historia, como si de un cuentero Vélez se tratara.

Carolina Rueda, cuentera caleña desde hace ya un cuarto de siglo y quien se define a si misma como palabradora, provocadora, explicativa, ocupatiempo e imaginera, dice que al igual que los paseos de río, las historias venidas de distintos caminos se tejen en sus narraciones. Jacobo Vélez, al igual que ella, es en si mismo un cuentero porque su vida es de cuento. Expulsado del Conservatorio, viene de una familia de violinistas, y ese toque musical ha alcanzado a todas las ramas de su familia, incluyendo a sus primos que se hacen llamar los Maní Son Brothers.

Por eso Vélez quiere continuar musicalizando (y engrandeciendo) la leyenda de El Callegüeso con unas crónicas que prepara en su web, y para ello apuesta por los vídeos dramatizados, en el próximo de los cuales rendirá homenaje a una generación de cineastas caleños conocida como Caliwood, y cuyo líder espiritual ha sido más allá de su muerte el escritor Andrés Caicedo, mega-crack en el arte de narrar historias y escribir cuentos.

“Un ser humano es el resultado de una cantidad de historia… La música tiene que contar una buena historia”. Y sobre la música que acompaña estas narraciones, Vélez dice: “Cuando alguien escucha a la Mambanegra se da cuenta de su esencia, por eso la gente se enloquece… La Mambanegra es capaz de poner a bailar al diablo sin que este se enoje”. Desde luego, una definición de cuento.

José Arteaga