Vampysoul Saoco

El segundo volúmen de un recopilatorio de Vampisoul revive las raíces boricuas de la salsa, desde Chivirico Dávila a Mario Ortiz.

¡Saoco!, volumen 2 de la serie de Vampisoul dedicada a escarbar los tesoros de la música tradicional puertorriqueña, lleva por subtítulo Bomba, Plena and the Roots of Salsa in Puerto Rico 1955-1967, y está ilustrada por una foto de Cortijo y su Combo vestidos con gabardinas invernales pues andaban de gira por Nueva York. La foto es de diciembre de 1958 cuando el fabuloso conjunto llegó por primera vez a la Gran Manzana para amenizar las fiestas boricuas del Teatro Puerto Rico y acabó rompiendo los esquemas del mambo en el Palladium.

Es muy diciente porque estas son en efecto las raíces de la salsa, también llamada música del Caribe urbano, que bebió de esta y de otras influencias para consolidar una historia, un espíritu y un sonido particular y único. El papel de Rafael Cortijo y sus muchachos puertorriqueños fue tan vital como el de Arsenio Rodríguez y los emigrantes cubanos, porque gracias a ellos se preservaron las raíces y se mantuvo el folclor. Cuando surgió la salsa, esas raíces estaban ya complementadas por elementos del jazz y la música afroamericana. De allí su trascendencia.

Yannis Ruel, compilador de esta colección que tuvo antes el doble álbum ¡Saoco!, The Bomba and Plena Explosion in Puerto Rico 1954-1966, afirma que ese es el propósito de este volumen 2: mostrar una música puertorriqueña mucho más orquestada y urbana que esa bomba y plena isleña del primer trabajo. Ruel se muestra muy orgulloso de esta labor con Vampisoul (no es para menos) y, con un cuidado castellano de acento francés, dice: “esta serie daría para 25 discos más; ojala continúe”.

Hay cuatro canciones que simbolizan lo dicho. La primera es un clásico de la música latinoamericana, El Negro Bembón, creación de Bobby Capó. El Negro Bembón es un personaje violento de carácter teatral cuya historia envuelve las circunstancias de un crimen y su posterior investigación policíaca: “Y llegó la policía y arrestaron al matón, y uno de los policías que también era bembón, le tocó la mala suerte de hacer la investigación. Y saben la pregunta que el hizo al matón: ¿porqué lo mató?, diga usted la razón. Y saben la respuesta que le dio el matón: yo lo maté por ser tan bembón. El guardia escondió la bemba y le dijo: esa no es razón” (ver post Los Otros Pedros Navajas).

La segunda es Se Acabó el Bembé, interpretada por la orquesta de Mario Ortiz y compuesta por Félix Castrillón. Su letra parece seguir las premisas de la vida dura de los barrios y la noche tal y como la reflejaban el propio Capó en El Negro Bembón y Arsenio en Fuego en el 23: “Que triste se quedó el barrio, ya no hay timba ni bembé porque dicen que mataron al primo de Ñengueré. Unos dicen fue a la una, otros dicen que a las tres; también cayó en la jugada el que alegraba el bembé”.

Los otros dos casos son sintomáticos de las múltiples referencias boricuas a la salsa más exitosa: la plena Madame Calalú de Cortijo, reconvertida nominalmente 23 años más tarde en Madame Kakalú por Rubén Blades en Canciones del Solar de los Aburridos. Ni ritmo ni letra tienen que ver, pero es inevitable pensar en la una cuando se escucha la otra. Y está la plena jíbara A Papá Cuando Venga de Mon Rivera, interpretada 14 años después por Willie Colón y Celia Cruz como A Papá en el maravilloso álbum Only They Could Have Made This Album. En ella está manifiesta la complejidad armónica de la salsa urbana frente a la soltura instintiva de la raíz isleña.

No todas las 28 canciones que componen ¡Saoco!, volumen 2 tienen versión posterior, pero si la mayoría y eso también sirve para mostrar como la tradición cubana no fue la única en alimentar al por mayor la discografía salsera. Y es que a aunque el son montuno fue la célula primordial, otros ritmos aportaron lo suyo, incluso en sus formas más básicas.

Por ejemplo, la pachanga-twist Dolores de Joe Cotto la bailaba el gran Carlitos Valencia en Cali a comienzos de los 70, dando pequeños saltos hacia atrás y entrecruzando los pies hacia delante, pero sin moverse de una baldosa. El mismo estilo se le vio a Jairo Colorado en Medellín hacia los mismos años, y a toda una generación de bailarines vallunos y costeños en Bogotá a comienzos de los 80. La razón es que Dolores hacía parte de un montón de discos recopilatorios salseros de la época y la gente llegó a aprenderse la canción de memoria.

El detalladísimo trabajo de Yannis Ruel en esta segunda parte de ¡Saoco!, tiene como en su primer volumen a Cortijo y su Combo como principal referencia, pero también a Mon Rivera, Mario Ortiz, Joe Cotto, Moncho Leña y Kito Vélez. Hay algunos personajes provenientes de la tradición jíbara como Ramito, Chuíto El de Bayamón y El Jibarito de Lares, y otros más modernos.

Llama, por eso, la atención la presencia de un personaje que encaja perfectamente en ambos mundos y que, al igual que Ismael Rivera, trascendió en el tiempo como virtuoso del canto: Chivirico Dávila. De Chivirico están aquí sus guarachas de comienzos de los 60, antes de iniciar una etapa dorada de su vida junto a Orlando Marín, Johnny Pacheco, Ricardo Ray, Joey Pastrana, Markolino Dimond, la Alegre All Stars e incluso la Fania All Stars. Un ejemplo perfecto de lo que esta compilación representa.

José Arteaga.

Kijis Konar MON RIVERA ( LAS CAJAS)